Blog

Día Mundial de la Salud Mental (3)

No siempre podemos con todo. Y no pasa nada.

10 de octubre | Día Mundial de la Salud Mental

Suena el despertador. Empieza otro día. El trabajo, las clases, las responsabilidades familiares, los mensajes pendientes, las preocupaciones que no desaparecen cuando termina la jornada…

Y, en medio de todo eso, una pregunta que casi siempre respondemos de forma automática:

—¿Qué tal estás?

—Bien, ¿y tú?

Pero ¿qué ocurre cuando la respuesta no es «bien»? ¿Cuando estamos cansados, preocupados, desbordados o simplemente no sabemos explicar lo que nos pasa?

Vivimos en una sociedad que nos anima constantemente a seguir adelante, a superarnos y a aprovechar cada minuto. Sin embargo, pocas veces hablamos de lo que supone intentar estar a la altura de todas esas expectativas.

Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, queremos hablar precisamente de eso: de la presión por poder con todo, de la importancia de reconocer nuestros límites y de por qué no siempre tenemos que estar bien.

La presión de llegar a todo

Trabajar, estudiar, cuidar de la familia, mantener una vida social, hacer ejercicio, comer bien, descansar, encontrar tiempo para nosotros mismos… La lista de responsabilidades y expectativas parece no terminar nunca.

A veces, incluso cuando conseguimos hacer muchas de esas cosas, tenemos la sensación de que deberíamos haber hecho algo más.

Si estamos trabajando, pensamos en lo que tenemos pendiente en casa. Si descansamos, recordamos las tareas que hemos dejado sin hacer. Y si dedicamos tiempo a nosotros mismos, puede aparecer esa incómoda sensación de estar descuidando otras obligaciones.

Nos hemos acostumbrado tanto a vivir con prisas que estar ocupados parece haberse convertido en una medida de nuestro esfuerzo, nuestro compromiso e incluso nuestro valor personal.

Pero estar constantemente ocupados no significa necesariamente estar bien.

Y aunque cada persona vive circunstancias diferentes, nadie debería sentir que tiene que demostrar su capacidad para soportarlo todo.

Día Mundial de la Salud Mental (1)

Cuando descansar también nos hace sentir culpables

¿Cuántas veces hemos terminado el día agotados y, aun así, hemos sentido que no habíamos hecho suficiente?

Nos cuesta parar. Nos cuesta decir que no. Nos cuesta reconocer que necesitamos un descanso, especialmente cuando tenemos la sensación de que los demás sí consiguen llegar a todo.

Las redes sociales tampoco siempre ayudan. Vemos personas que parecen compaginar perfectamente su trabajo, sus estudios, su familia, sus aficiones y su vida personal. Pero rara vez conocemos lo que sucede detrás de esas imágenes.

Compararnos con lo que vemos puede hacernos sentir que vamos demasiado despacio o que no estamos haciendo lo suficiente.

Sin embargo, descansar no es un premio que tengamos que ganarnos después de haber cumplido con todas nuestras obligaciones. Es una necesidad.

Nuestro valor no depende de cuántas tareas completamos, de lo productivos que somos ni de cuánto somos capaces de aguantar antes de detenernos.

A veces, cuidarnos empieza precisamente por reconocer que necesitamos bajar el ritmo.

No siempre tenemos que estar bien

Hay días buenos y días difíciles. Momentos en los que nos sentimos capaces de afrontar cualquier reto y otros en los que las cosas más sencillas parecen exigirnos un esfuerzo enorme.

Y no siempre existe una razón evidente.

Podemos sentirnos tristes, preocupados, irritables o emocionalmente agotados sin saber exactamente por qué. También podemos estar atravesando dificultades que los demás desconocen.

Sin embargo, muchas veces intentamos disimularlo. Seguimos con nuestras rutinas, sonreímos, cumplimos con nuestras responsabilidades y respondemos que todo va bien.

Quizá porque no queremos preocupar a nadie. Porque pensamos que nuestros problemas no son suficientemente importantes. O porque tememos que reconocer cómo nos sentimos pueda interpretarse como una señal de debilidad.

Pero hablar de lo que nos ocurre no nos hace menos capaces, menos profesionales ni menos fuertes.

La salud mental forma parte de nuestra salud, y merece la misma atención y respeto que cualquier otro aspecto de nuestro bienestar.

Reconocer que estamos pasando por un momento complicado no significa rendirnos. Significa prestar atención a algo que necesita ser escuchado.

Pedir ayuda no debería ser el último recurso

A veces esperamos demasiado para hablar de lo que nos preocupa.

Nos decimos que es una mala semana, que ya pasará, que otras personas tienen problemas más graves o que deberíamos ser capaces de solucionarlo por nuestra cuenta.

Y aunque muchas dificultades forman parte de la vida cotidiana, eso no significa que tengamos que afrontarlas siempre en soledad.

Compartir cómo nos sentimos con alguien de confianza puede ayudarnos a sentirnos acompañados. Y cuando el malestar persiste, se intensifica o interfiere en nuestra vida diaria, buscar apoyo profesional es una forma importante de cuidar nuestra salud.

No hace falta esperar a encontrarnos en una situación extrema para pedir ayuda.

También debemos recordar que no todas las personas cuentan con las mismas circunstancias, recursos o redes de apoyo. Cuidar la salud mental no depende únicamente de decisiones individuales: las condiciones laborales, económicas, familiares y sociales también influyen en nuestro bienestar.

Por eso, hablar de salud mental implica tanto aprender a cuidarnos como construir entornos que faciliten ese cuidado.

Día Mundial de la Salud Mental (2)

A veces, lo que más necesitamos es que alguien nos escuche

No siempre sabemos qué está viviendo la persona que tenemos delante.

Quizá ese compañero que hoy está más callado de lo habitual atraviesa una situación familiar complicada. Quizá alguien que parece distraído en clase lleva varias noches sin descansar bien. O quizá esa persona que siempre tiene una sonrisa está haciendo un esfuerzo enorme por continuar con su rutina.

No se trata de interpretar cada gesto ni de asumir que conocemos los problemas de los demás.

Se trata de recordar que cada persona tiene una historia que no siempre podemos ver.

Y que, en ocasiones, pequeños gestos pueden marcar una diferencia: preguntar cómo está alguien y escuchar realmente su respuesta, respetar sus tiempos, evitar juicios o simplemente ofrecer nuestra compañía.

No necesitamos tener una solución para todo. Tampoco podemos asumir la responsabilidad de resolver los problemas de los demás.

Pero sí podemos contribuir a crear espacios donde las personas se sientan respetadas, escuchadas y puedan expresar sus dificultades sin miedo a ser juzgadas.

Poner a las personas en el centro también significa comprender sus circunstancias

En Grupo AFS compartimos cada día espacios de aprendizaje con personas que llegan a nuestras aulas por motivos muy diferentes.

Algunas buscan una nueva oportunidad laboral. Otras quieren mejorar sus condiciones de trabajo, cambiar de profesión o seguir aprendiendo. Hay quienes compaginan su formación con largas jornadas laborales, responsabilidades familiares o situaciones personales complejas.

Y detrás de cada una de ellas hay mucho más que un expediente académico, una asistencia a clase o un objetivo profesional.

Hay experiencias, preocupaciones, responsabilidades, expectativas y momentos vitales que no siempre conocemos.

Por eso, cuando hablamos de poner a las personas en el centro, también hablamos de reconocer esa realidad.

De entender que cada persona tiene sus propios tiempos y circunstancias. De escuchar, acompañar y tratar con respeto, sin dar por hecho que sabemos lo que está viviendo.

Porque, antes que alumnado, docentes, profesionales o compañeros de trabajo, somos personas.

Este 10 de octubre, recordemos algo importante

No siempre podemos con todo.

No siempre tenemos las mismas fuerzas, la misma energía ni las mismas circunstancias. Habrá momentos en los que necesitemos descansar, otros en los que necesitemos hablar y algunos en los que necesitemos ayuda para seguir adelante.

Y eso no debería hacernos sentir culpables.

El Día Mundial de la Salud Mental es una oportunidad para reflexionar sobre cómo nos tratamos a nosotros mismos y cómo tratamos a quienes nos rodean.

Para recordar que escuchar es importante, que pedir ayuda debe ser posible y que el bienestar de las personas merece atención más allá de una fecha en el calendario.

Porque cuidar la salud mental no consiste en poder con todo, sino en reconocer que no tenemos por qué hacerlo siempre.

Y porque detrás de cada persona hay una historia que merece ser tratada con comprensión y respeto.

 

¿Necesitas ayuda?

Si estás atravesando un momento difícil, puedes acudir a tu centro de salud para solicitar orientación y atención profesional. En España, el 024 ofrece atención a personas con pensamientos o riesgo de conducta suicida y a sus familiares y allegados. Ante una emergencia, llama al 112.

Compartir:
Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

Artículos relacionados

Buscador

Acreditaciones Oficiales

Acciones formativas cofinanciadas por el Gobierno de Canarias y el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE)

AFS Formación
Aula Formación Superior