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Tu voz abre caminos. Tu silencio no. Aprender a mirarse sin miedo | Grupo AFS

Cómo aprender a mirarte sin miedo este 25N

Aprender a mirarte sin miedo es un acto profundo de honestidad y de cuidado propio. Y este 25N, Día Internacional contra la Violencia de Género, recordar ese aprendizaje es más necesario que nunca. Porque la violencia no siempre se ve, a veces se confunde con amor o con costumbre, y reconocerla empieza por volver a mirarte con claridad.

La violencia no siempre se ve.
A veces se confunde con amor o con costumbre.
Aprender a mirarte sin miedo puede ser el primer paso para reconocerla y empezar de nuevo.

Porque Tu voz abre caminos. Tu silencio no.

Cuando lo normal deja de ser normal

Hay cosas que empiezan despacio.
Pequeños gestos, palabras que pesan más de lo que deberían, silencios que antes no existían.
Al principio no parece nada grave. “Está cansado”, “ha tenido un mal día”, “yo también he sido brusca”.
Y así, sin darte cuenta, lo que no te gusta se vuelve costumbre.

Mujer sentada junto a una ventana, envuelta en una manta clara y con expresión serena, simbolizando la reflexión sobre cuándo lo normal deja de sentirse normal

La violencia de género rara vez aparece de golpe.
A menudo se construye en lo cotidiano, en esas dinámicas que aprendimos sin pensar, en la idea de que amar es aguantar, de que ceder es querer.
No se trata de falta de cultura ni de educación: le puede pasar a cualquiera.

A veces es un tono que te incomoda.
Otras, la necesidad de justificar cada salida, cada llamada, cada decisión.
Y un día te das cuenta de que vives midiendo tus palabras, tus gestos, tus ganas.
Esa es la primera señal de alarma: cuando lo normal deja de sentirse normal.

Según datos del Ministerio de Igualdad, más de 50 mujeres fueron asesinadas en España en 2023 a manos de sus parejas o exparejas y miles sufren a diario diferentes formas de violencia física, psicológica o económica.

Lo que nadie te explica sobre el control

Crecimos aprendiendo muchas cosas, pero casi nadie nos habló del control disfrazado de amor.
Nos dijeron que el cariño exige atención, que los celos son una forma de cuidado, que discutir es parte de cualquier relación.
Pero, hay una línea muy frágil que separa la preocupación del control.

A veces el control llega con frases suaves:
“Llámame cuando llegues, solo para saber que estás bien”.
O con decisiones pequeñas: qué ropa llevas, con quién hablas o qué publicas en redes.
Nadie te obliga directamente, pero algo dentro de ti empieza a encogerse.

Ese tipo de violencia —la que no deja marcas visibles— es la más difícil de reconocer.
Y ahí es donde aprender a mirar con otros ojos se vuelve vital.
Comprender que el respeto no se demuestra vigilando, sino confiando.
Que la libertad no amenaza al amor, lo fortalece.

Aprender a reconocer lo invisible

Durante mucho tiempo pensé que “violencia” era una palabra demasiado grande.
La asociaba a titulares, a casos extremos.
Hasta que entendí que la violencia también puede ser emocional, silenciosa y constante.

Empieza en los pequeños gestos: en la anulación de tus decisiones, en las palabras que te hacen dudar de ti, en el miedo a imponer respeto o decir lo que piensas, en la culpa por no hacer las cosas “como deberías”, etc.
Y cuando ese patrón se repite, ya no estás eligiendo: estás sobreviviendo (y están eligiendo otros por ti, por tu vida).

Aprender a mirarse sin miedo significa reconocer esas señales.
No para culparte, sino para entenderte y poder salir de esa situación.
Porque el cambio empieza cuando pones nombre a lo que te duele.

En otros artículos del blog de Grupo AFS, ya hemos hablado de cómo la formación y la reflexión personal pueden ayudarte.

Porque sabemos que un título o un certificado de profesionalidad son llaves que abren puertas laborales, pero el verdadero valor de ese conocimiento es cómo te empodera para mirar tu futuro de frente y sin miedo para recuperar la confianza y dar nuevos pasos hacia el bienestar profesional y personal.

Y, a veces, simplemente se aprende en una conversación, en una lectura, en un momento de silencio en el que por fin te escuchas.
Aprender —en el sentido más profundo— es volver a ver la realidad sin justificaciones ni vendas.

Lo que cambia cuando empiezas a hablar

El silencio es una de las armas más poderosas de la violencia.
Se alimenta del miedo a no ser creída, del “no quiero preocupar a nadie”, del “ya pasará”.
Pero cuando hablas, algo se rompe.

No siempre hace falta contar toda la historia.
A veces basta con una frase, una pregunta, una confidencia pequeña.
Porque hablar no solo libera: te conecta con otras personas que pueden sostenerte.

Quizá es una amiga que te escucha sin juzgar.
O un compañero que simplemente te dice “no estás sola”.
Y eso, que parece poco, puede ser el comienzo de todo.

Aprender a poner palabras a lo que vives es una forma de educación emocional que nos salva de repetir patrones.
Cuando lo dices en voz alta, dejas de ser espectadora y comienzas a recuperar tu lugar en tu propia historia.

Aprender a mirarse sin miedo

Mirarte sin miedo es un acto de amor propio.
Es reconocer tus heridas sin culpa ni vergüenza, sin juzgarte, sin que te definan.
Es saber que puedes equivocarte, enfadarte, decir “no” y seguir siendo tú.

La violencia no solo destruye la confianza en los demás, también la que tienes en ti misma.

Y, por eso, la reconstrucción empieza por dentro. Por volver a creer en tu criterio, en tu intuición, en tus decisiones.

Aprender a mirarte sin miedo no es un punto de llegada, sino un camino.

Uno que a veces se recorre despacio, acompañada, con tropiezos, pero que siempre lleva hacia la libertad.

Y esa libertad interior necesita un soporte. Por eso, en Grupo AFS, estamos convencidos de que un punto clave para ese soporte es la independencia profesional. El valor de tu formación va más allá del currículum: te da la base económica y la confianza necesaria para elegir, para decidir tu camino sin depender de nadie. Mirarse sin miedo es también saber que tienes el control de tu futuro laboral.

La fuerza de quienes acompañan

Nadie sale del miedo estando en soledad.
Detrás de cada historia de superación hay personas que escucharon, entendieron y acompañaron sin imponer.

Dos manos entrelazadas que transmiten apoyo y empatía, simbolizando la importancia de acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles.

A veces es un familiar que empieza a ver lo que tú no podías.
O una profesional que te ofrece herramientas sin juzgarte.
O simplemente una compañera que te recuerda que no tienes que justificar todo.

Acompañar no es dar consejos, es estar presente.
Es ofrecer un espacio donde se pueda hablar sin miedo.
Donde la palabra “culpa” deje de tener lugar y la palabra “dignidad” vuelva a significar algo.

La educación —en su sentido más humano— también está ahí:
en quienes no se rinden y siguen aprendiendo para mejorar, en quienes escuchan para ayudar, en quienes enseñan a mirar sin violencia.

Vivir sin miedo también se aprende

Nadie debería aprender sintiendo miedo.
Y, sin embargo, muchas veces lo hacemos: aprendemos a medir nuestras palabras, a adaptarnos, a callar para no provocar…

Pero también se aprende lo contrario.
Se aprende a respirar hondo, a decir “basta”, a reconstruir.
Vivir sin miedo también se aprende.

No es un proceso rápido ni lineal, pero cada paso cuenta.
Cada conversación, cada gesto de respeto, cada espacio donde se enseña igualdad, va debilitando la raíz del miedo.

Porque aprender no siempre significa adquirir títulos:
a veces significa recordar lo que siempre supimos en nuestro interior: que merecemos vivir en paz, sin control, sin culpa, sin temor.

Un recordatorio para todos

La violencia de género no se combate solo con leyes o campañas.
También se previene en lo cotidiano: en cómo hablamos, en cómo tratamos, en cómo educamos.

Formar —en el sentido más profundo— es acompañar a mirar con empatía.
Es enseñar que amar nunca puede doler, que cuidar no es dominar, que el respeto no se exige: se ofrece.

Creemos en ese aprendizaje que transforma vidas. Si quieres seguir leyendo sobre cómo la formación te abre nuevos caminos y oportunidades, te recomendamos leer Reinventarse después del paro: cómo formarte para volver al empleo con más oportunidades.

Ojalá lleguemos al momento en que no sea necesario un 25 de noviembre para recordarlo.
Mientras tanto, sigamos escuchando y formándonos.

En la web de ONU Mujeres, puedes encontrar recursos, datos y campañas que explican cómo la educación y la sensibilización son herramientas esenciales para erradicar la violencia de género.

Porque cada gesto de conciencia y cada acto de respeto es una forma de prevención.

Mujer de espaldas con los brazos levantados hacia el cielo al amanecer, simbolizando libertad, esperanza y el aprendizaje de vivir sin miedo

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